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Era el viernes por la tarde y Marcial regresaba a casa del trabajo, en su coche. Apagó la radio que no escuchaba y se quedó absorto contemplando a la hermosa luna llena que se estaba levantando delante de él. Como buen Cangrejo, la luna siempre le había producido efectos muy positivos.
Saludó a su mujer con una caricia y un beso en los labios. Elia estaba sentada, en el salón, en su mecedora, zurciendo ropa. Elia le regaló a Marcial sus labios y su sonrisa. Marcial pasó al aseo y al dormitorio y se puso una bata para estar más cómodo, tomó de la mesilla el libro que estaba leyendo y se marchó al salón a leer junto a Elia que se mecía suavemente en su mecedora con un acompasado, Ñic – Ñac, sin dejar de dar puntadas. Marcial la miró de reojo y pudo ver lo guapa que estaba. Llevaba el vestido largo que a él tanto le gustaba, rojo granate, de piel de melocotón, con bordados en el pecho, todo abotonado por delante,. Se había pintado los labios y un mechón derecho de su cabello era sujetado por aquél prendido en forma de mariposa plateada con brillantitos que Marcial le regaló cuando eran novios, hacía ya… treinta y tantos años, y que le hacía parecer una niña. ¡Dios, que bella está!.
Marcial intentó centrarse en la lectura de la novela de Mercedes Pinto “La última vuelta del scaife” pero no lo conseguía. Miraba a Elia por encima de las gafas y la veía tan preciosa… Siempre había estado enamorado de ella desde los 16 años.
El vestido de Elia tenía los cinco botones inferiores sin abrochar y dejaba ver una parte de sus piernas cruzadas. Las mujeres tienen esa extraña habilidad de saber que las están mirando aunque ellas no te miren.
Ñic – Ñac, Ñic – Ñac… Elia levantó la vista y, con una sonrisa, le preguntó a Marcial.
- ¿Qué estás mirando?
- Lo que veo y lo que adivino.
- ¿Y te gusta lo que ves?
- Mucho
- ¿Y lo que adivinas?
- Más todavía .
Elia cambió las piernas de posición y con mucha picardía y pudor colocó las puntas del vestido tapándose las rodillas, pero no tardaron en volver a bajarse y volvieron las piernas a quedar al descubierto, lo cual las hacían aún más provocadoras.
Ñic – Ñac, Ñic – Ñac … Elia levantó los ojos y vio como Marcial la seguía contemplando sonriente.
- ¿Quieres que ponga algo de música? –preguntó Elia
- Sí, por favor.
Elia se levantó y buscó por entre los antiguos discos de LP y puso uno en el giradiscos. Al sonar los primeros acordes Marcial levanto súbito la cabeza y miró a Elia que en ese momento se sentaba. El disco se titulaba “Kiss of Fire” un LP de tangos orquestados que Marcial le había regalado hacía ya muchísimos años y que tanto le gustaba. Comenzó con la música del tango “Celos”, el tango gitano incomprensiblemente danés, que los fue envolviendo en la música de sus violines y sus bandoneones, al tiempo que el corazón de Marcial palpitaba siguiendo las pautas que el tango iba marcando. Marcial cerró los ojos y el libro, y reposó su cabeza sobre el respaldo del sillón. Aquello había sido un golpe directo al corazón. La música de los tangos siguió jugando con ellos, invadiendo todos los rincones del salón hasta que al final… empezó a sonar el rey… EL CHOCLO
Con este tango que es burlón y compadrito
Se ató dos alas la ambición de mi suburbio
Marcial da un salto y se levanta, toma con una mano la de Elia, al tiempo que dejaba el costurero sobre la mesita y la ayuda a levantarse
Con este tango nació el tango, y como un grito
Salió del sórdido barrial buscando el cielo;
Sube Marcial el brazo izquierdo hasta donde el dolor se lo permite (“¡maldita caída que me rompió el infra espinoso!” – masculló con rabia) La mano derecha, bien firme, en mitad de la espalda de Elia formando un ángulo recto…
Conjuro extraño de un amor hecho cadencia
Que abrió caminos sin más ley que la esperanza,
… y arraaaaaancan con uno, dos, tres, cuatro y cinco… un loco conjuro de amor hecho cadencia… la mano derecha de Marcial va llevando la dirección de cada paso, aplicando suaves presiones con la punta de sus dedos…
Que abrió caminos sin más ley que la esperanza,
Mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia
… seis, siete y ocho… parada a pies juntillas… ya no hacen falta instrucciones ni medidas, el alma se ha encogido poco a poco hasta encontrar a los pies para bailarlos. La pierna derecha de Marcial sale abriéndose camino por entre las piernas de Elia y la obliga hacer un giro, suaaaave, pero con fuerza y con garra… va bajando la mano, delicadamente, hasta la última vertebra de Elia que cierra los ojos por el tenue placer que le produce esa caricia en la columna que la enerva y le entra hasta la médula como un rayo fulminador…
Llorando en la inocencia de un ritmo juguetón.
… vuelve a subir la mano acariciando con el leve roce de la yema de sus dedos hasta los omóplatos, en un movimiento que no tiene nada de inocente pero sí de juguetón y que se para en la hebilla del sujetador…
Por tu milagro de notas agoreras
Nacieron, sin pensarlo, las paicas y las grelas
… y vuelta a empezar, uno, dos, tres, cuatro y cinco….y seis, siete y ocho
Luna de charcos, canyengue en las caderas
Y un ansia fiera en la manera de querer...
…las caderas de Elia insinuantes y cadenciosas. Arrastrando el pié, Marcial hace que Elia inicie un giro de su cuerpo hacia su izquierda y la recibe con la mano derecha que ha bajado hasta la cadera de Elia… y acariciando, la impulsa y la vuelve a enviar hacia el otro lado, y al pasar, las mejillas se juntan y al continuar en su trayectoria los labios se han rozado fugazmente, pero han sido como dos llamas de fuego que abrazaban. Otro estremecimiento, ahora mutuo, que provoca fieras ansias…
Al evocarte, tango querido,
siento que tiemblan las baldosas de un bailongo
y oigo el rezongo de mi pasado...
… te han amado tantos, ¡Oh Tango!, que me traes los recuerdos de tantas personas queridas que te han bailado y en tu cadencia se han amado…que escucho sus voces, su rezongo…que me embriagan y me marean… Marcial siente en su cuello el suave suspiro… el aliento de Elia… los ojos ya están cerrados… se van alejando del salón.
Hoy, que no tengo más a mi madre,
siento que llega en punta 'e pie para besarme
cuando tu canto nace al son de un bandoneón.
…mi madre, mi bendita madre que me enseñó a amarte ¡Oh Tango!, cuando te vi bailar con ellos… mi padre, mi madre y tú, … tan cariñosos… Siento que ella me llama en ese sonido afónico, cortado y rajado, en la hermosa estridencia del bandoneón de Piazzolla, que me va haciendo estragos… y me besa.
Carancanfunfa se hizo al mar con tu bandera
Y en un pernó mezcló a París con Puente Alsina.
Triste compadre del gavión y de la mina
Y hasta comadre del bacán y la pebeta.
Por vos shusheta, cana, reo y mishiadura
Se hicieron voces al nacer con tu destino...
¡Misa de faldas, querosén, tajo y cuchillo,
Que ardió en los conventillos y ardió en mi corazón
¿Quien entiende este lunfardo?.
Desde el dormitorio, ya apenas si se escucha, muy levemente el resto del tango .
Marcial está en el salón y el disco hace ya rato que se ha parado. Mira por el gran ventanal y ve a la luna, a su Luna, que le mira a él fijamente, con su sonrisa benefactora, cómplice y picarona. Marcial le corresponde con la misma sonrisa y un guiño de ojos de viejos amigos.
Elia entra en ese momento al salón colocándose la pinza del pelo; la mariposa de plata con brillantitosque tan bien le sienta, y le pregunta a Marcial.
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- ¿Qué quieres de cenar?
- Hummm, ¿Qué te parece otro tango?
- ¡Calla loco! Te haré una tortilla.
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La vida se hace con los pequeños momentos que vamos sumando.