
Mi amigo Luis Madrigal me apremia para que le confirme la llegada a mi ventana de mis amigos los vencejos, inconfundible avanzadilla de la esperada primavera. Sí, ya han llegado. Sí, ya es primavera.
Sí, ya es primavera. Murcia huele a azahar, y sus campos se cubren de violetas, de amapolas y pensamientos.
Sí, ya es primavera. Los jardines se llenan de escondidas parejas que, con lánguidas miradas y prolongados suspiros, confiesan su pretendido amor eterno
Sí, ya es primavera. Las margaritas mueren de amor; deshojadas.
Yo estaré, durante un largo tiempo, lejos de vosotros.
Os deseo que os vaya muy bien en el amor.
Os dejo estas fotografías mías, esta vieja música desempolvada, y este precioso poema de Luis Cernuda.
Te quiero...
Te quiero.
Te lo he dicho con el viento
jugueteando tal un animalillo en la arena
o iracundo como órgano tempestuoso;
te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;
te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;
te lo he dicho con las plantas,
leves caricias transparentes
que se cubren de rubor repentino;
te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.
Pero así no me basta;
más allá de la vida
quiero decírtelo con la muerte,
más allá del amor
quiero decírtelo con el olvido.
