lunes, 16 de febrero de 2015

DESDE EL OTRO LADO DEL MAR



La noticia me llegó desde el otro lado del mar.
Mi amiga María Rosa Giovanazzi, bonaerense ella, me habló de una señora, llamada “Conce” (porque en Argentina, el llamarse Concepción “Conchita”, tiene un plus negativo) que se interesaba por lo que este murciano (que soy yo) escribía.
La cosa fue a más cuando me enteré de que Conce era murciana, y de Caravaca para más señas, que hace unos cincuenta años emigró a Argentina.


Su novio, Pepe (posiblemente también caravaqueño), dejando con dolor a su novia en Caravaca, había emigrado a Argentina en aquellos años difíciles buscando una vida mejor. Cuando creyó haberlo conseguido, como buen caballero y hombre de honor, mandó llamar a su novia.

Concepción no dudó en casarse con él, con amor y por poderes, y abandonando el acomodado hogar paterno se lanzó a una aventura, al otro lado del mar, para iniciar una vida nueva que resultó dura pero amorosa.
Hoy vive en Buenos Aires, con sus dos hijos pero sin su Pepe, acordándose con nostalgias de su Caravaca natal, de su Murcia querida,de la Virgen de la Fuensanta, de la de los Peligros y de su Cruz de Caravaca.

Ella supo de mi novela “El murmullo del tiempo” y no me faltó tiempo para dedicarle un ejemplar y enviárselo por correo. La cosa no fue tan fácil, por culpa de una surrealista aduana, pero gracias al tesón de nuestra amiga María Rosa (nieta de español, de calabrés y de austriaco) la novela llegó a nuestra Conce que se emocionó tanto al recibirla y leer su dedicatoria.
 Hoy todo es para ella, para Concepción, con el cariño de esta Murcia que ama tanto a sus hijos pues por eso tiene en su escudo siete coronas y un corazón.


Aunque estén lejos. Aunque se encuentren al otro lado del mar











5 comentarios:

Alicia María Abatilli dijo...

Estamos cerca, Manuel.
Más de lo que a veces creemos.
Abrazos

Manuel Enrique Mira dijo...

Pienso que sí Alicia; pienso que sí. Este amor que sentimos por nuestros hermanos de allá, ni todas las aguas lo pueden anegar

Luis Madrigal Tascón dijo...

Me uno con entusiasmo al club atlántico iberoamericano. Yo, siempre estoy cerca. Mejor dicho, estoy allí mismo. Manolo, aún no he podido conseguir un ejemplar de tu novela, que ardo en deseos de leer. Volveré a insistir en el Corte Inglés. Alicia, para que veas lo cerca que estamos, si lo consigo te enviaré otro ejemplar a ti. No te lo pierdas porque en la novela -aunque degradado de rango militar- intervengo yo mismo, por la excesiva bondad del autor hacia mí insignificante existencia. Un fuerte abrazo a todos los hispanos y a todo lo hispánico del otro lado del Mar. Por descontado a Maria Rosa y a Concepción -a su Pepe, me parece que ya se ha pasado el tiempo- a Cuba, la joya de la Corona, y a nuestra entrañable Argentina. No puedo olvidarme de Caravaca (de la Cruz), encucrijada de Reinos, el castellano y cristiano de Murcia y el nazarí y musulmán de Granada, ni de su Cueva Negra, donde los españoles del Paleolítico descubrieron el fuego. Un fuerte abrazo a todos. Luis Madrigal.-

Maria Rosa dijo...


Que hermosa y emocionante entrada mi querido Manuel. No me imagino, estoy segura que cuando Conce vea su imagen y lea tus palabras se va a emocionar hasta las lagrimas.

Un abrazo querido amigo.

Un abrazo.

mariarosa

Taty Cascada dijo...

Hola Manuel ¡tanto tiempo!. Hermosa entrada para dos personas: María Rosa que conozco porque escribe muy bien y Conce que ahora debe estar feliz con tu novela.

Abrazos todos y me alegra reencontrarte en este mundo bloguero.