miércoles, 9 de septiembre de 2009

...Y EL RELOJ NO PARA DE DAR SUS HORAS

Cuando en 1960 nuestros padres (y alguno de nosotros) ponian los ojos en blanco bailando con aquél reloj que no querían que marcara aquellas horas.




O como muy movido, con el alegre bayón de Silvana Mangano y el negro Zumbón.



O deleitandose con el baile de Gilda (que entonces la cesura la ponía 3R por lo del guante y ahora por el jetazo)



Lejos estabamos de lo que se estaba cociendo en aquella cueva de escarabajos del Cavern Club y Brian Epstein de Hamburgo con aquellos cuatro locos de Liverpool.

En 1962 entraron en España rompiendo puertas y ventanas y una corriente de aire fresco entró en nuestras mentes impidiendo que nos amuermaramos... y el reloj marcó nuestra hora



El tiempo no se para, y detrás de nuestra hora, el reloj sigió dando muchas más, pero ciertamente no ha sido tan traumático para nosotros como lo fué para nuestros padres.