
Ayer, en una boda, escuché un precioso canto entresacado de estos párrafos del Cantar de los Cantares; el Cantar por excelencia, el más hermoso.
Parece que en esto no hemos avanzado demasiado.
Me robaste el corazón,
hermana mía, novia,
me robaste el corazón
con una mirada tuya,
con una vuelta de tu collar.
¡Qué hermosos tus amores,
hermosa mía, novia!
¡Qué sabrosos tus amores! ¡más que el vino!
¡Y la fragancia de tus perfumes,
más que todos los bálsamos!
Miel virgen destilan
tus labios, novia mía.
Hay miel y leche
debajo de tu lengua;
y la fragancia de tus vestidos,
como la fragancia del Líbano.
Huerto eres cerrado,
hermana mía, novia,
huerto cerrado,
fuente sellada
Tus brotes, un paraíso de granados,
con frutos exquisitos:
nardo y azafrán,
caña aromática y canela,
con todos los árboles de incienso,
mirra y áloe,
con los mejores bálsamos.
¡Fuente de los huertos,
pozo de aguas vivas,
corrientes que del Líbano fluyen!
¡Levántate, cierzo,
ábrego, ven!
¡Soplad en mi huerto,
que exhale sus aromas!
¡Entre mi amado en su huerto
y coma sus frutos exquisitos!
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